
Mi Tarjeta y Mi Red: networking en eventos sin dictar el número
Tres semanas después nadie sabe quién era el de la tarjeta arrugada. Lanzamos Mi Tarjeta y Mi Red: se escanean el QR y quedan conectados al instante.
Todos tenemos el cajón. Ese donde van a parar las tarjetas de papel de la última feria: quince, veinte cartoncitos con logos lindos y nombres que ya no significan nada. Alguna tiene una anotación en birome —«llamar», «proveedor?», una flecha— y ninguna tiene lo único que importaba, que era por qué habías querido hablar con esa persona.
Ese cajón es el cementerio del networking. Y es raro, porque el networking es literalmente la razón por la que la mayoría de la gente compra la entrada.
El dolor, de los dos lados del mostrador
Lo escuchamos en cada evento en el que trabajamos, y siempre viene duplicado.
Del lado del asistente: conocés a alguien interesante en el coffee break. Los dos sacan el teléfono. Alguien dicta un número, el otro se equivoca en un dígito. O peor: intercambian tarjetas de papel y prometen escribirse, sabiendo los dos que no va a pasar. Pedirle el número de teléfono a un desconocido en un pasillo es incómodo, y lo incómodo no escala. Al final del día conociste a diez personas y podés contactar a tres.
Del lado del organizador: vendiste un evento de networking y no tenés forma de saber si el networking ocurrió. Se llenó la sala, la gente se fue contenta, ¿y? No hay ni un dato. Cuando el sponsor pregunta "¿qué me llevo?", la respuesta honesta es una foto del stand lleno.
El problema nunca fue que la gente no quisiera conectarse. Es que el ritual para hacerlo —papel, dictado, promesa— está roto desde antes del celular.
Qué lanzamos: Mi Tarjeta y Mi Red
Le dimos a cada asistente dos cosas dentro del portal del evento, que se abre en el navegador del teléfono y no requiere descargar ninguna app.
Mi Tarjeta es su credencial digital: un QR personal, único, que vive en su perfil. No hay que imprimirlo ni pedirlo. Está ahí desde que la persona entra al portal.
Mi Red es la libreta donde caen los contactos.
Y el gesto que las une es uno solo: uno escanea el QR del otro con la cámara del celular, y quedan conectados al instante. Sin dictar números, sin pedir el teléfono, sin escribir nada. El contacto queda guardado en Mi Red y desde ahí se pueden escribir en un toque, sin que ninguno le haya dictado el número al otro.
Es el apretón de manos, con recibo.

Por qué el escaneo importa (y no es un detalle técnico)
Acá hay una decisión de diseño de la que estamos orgullosos, y tiene que ver con la privacidad.
En Circli, el escaneo del QR es el consentimiento. Cuando dos personas se escanean están haciendo el intercambio de contacto de forma explícita, presencial y mutua — igual que cuando se pasaban una tarjeta, pero sin la parte del papel. Por eso una conexión de Mi Red muestra los datos de contacto de la otra persona: hubo un acto deliberado de las dos partes.
Lo que no hacemos es lo contrario: no publicamos la agenda de nadie, no dejamos descargar el listado de asistentes, no convertimos un evento en una base de datos para vender. La diferencia entre "nos conocimos" y "estabas en la misma lista que yo" es toda la diferencia, y está escrita en el código, no en los términos y condiciones.
Mi Red no es el listado de asistentes
Vale la pena marcar la diferencia, porque son dos cosas que se parecen y no lo son.
El directorio del evento es quién está. Sirve para buscar, para descubrir, para ver qué empresas vinieron — y cada persona decide cuánto de sí misma publica ahí.
Mi Red es a quién conociste. Es más chica, es tuya, y es la única lista que crece con un acto deliberado de las dos partes.
Esa distinción es la que hace que Mi Red sea útil tres semanas después. Un listado de asistentes es ruido: doscientos nombres de los cuales hablaste con siete. Mi Red son los siete. Y cada uno está ahí porque los dos sacaron el teléfono y decidieron que sí.
Adentro de cada contacto está lo que esa persona eligió compartir, y el botón para escribirle sin tener que pedirle el número — que es, al final, lo único que hacía falta desde el principio.
Por qué cambia el evento
Para el asistente, el cambio es que se lleva algo. No una bolsa de folletos: una lista de personas que conoció de verdad, con sus datos y a un toque de distancia. El valor del evento deja de evaporarse el domingo.
Para el organizador, el cambio es que el networking por fin deja rastro. Deja de ser una promesa del brochure y pasa a ser algo que ocurre, se cuenta y se puede mostrar. Cuando el año que viene tengas que renovar al sponsor o justificar el presupuesto, vas a tener algo mejor que una foto del stand.
Y hay un efecto de segundo orden que no esperábamos: la gente escanea más de lo que dicta. Sacar el teléfono y apuntar la cámara es un gesto de dos segundos que no interrumpe la conversación. Pedir el número sí la interrumpe, y por eso muchas veces no se pide. Bajar la fricción no mejora un ritual existente: hace que ocurra uno que antes se abandonaba a mitad de camino.
Cómo se activa
Si ya usás Circli, Mi Tarjeta y Mi Red vienen con el portal del evento: no hay que configurar nada. Cada persona que entra tiene su QR desde el minuto cero.
Vale la pena saber una cosa más, porque se vuelve importante: ese mismo QR es la credencial de la persona para todo el evento, y es el que pensamos usar en cada lugar donde haga falta identificar a alguien. Uno solo, emitido una vez, que nunca se regenera — porque un código que se regenera es un código que deja afuera a quien ya lo tenía guardado.
¿Organizás un evento y querés que la gente se vaya con los contactos puestos? Conocé Circli Events o escribinos desde eventos.circli.app.