
Página de registro del evento: inscripción por email y embed propio
Nadie se identifica antes de decidir. Lanzamos la página de registro con email, bloques de contenido y una tarjeta para pegar en tu propia web.
La puerta de Circli siempre fue rapidísima para quien ya decidió ir: un QR, dos toques, adentro. Pero cuando empezamos a trabajar con eventos gratuitos y abiertos, apareció una objeción que no se podía responder con una demo mejor.
«Mi público todavía no me conoce. Pedirle que se identifique antes de saber si le interesa el evento es demasiado.»
Tenían razón, y el error era nuestro: habíamos diseñado toda la entrada para el que ya decidió. Para el que todavía está mirando, cualquier paso que se sienta como darse de alta es un compromiso demasiado grande demasiado pronto. La gente no abandona porque el formulario sea largo; abandona porque todavía no sabe si quiere estar en tu lista.
El dolor: la página del evento es la primera impresión, y era un título y un botón
Para el organizador, la página de inscripción es la pieza que más trabaja de todo el evento. Es lo que se pega en Instagram, lo que se manda por mail, lo que se imprime en el flyer. Y durante mucho tiempo la nuestra decía poco: título, fecha, un botón. Suficiente para el que ya venía convencido; insuficiente para convencer a nadie.
Peor: el organizador que tenía su propio sitio no podía usarlo. Mandaba la gente afuera, a otra página, con otro diseño — y perdía de vista de dónde venía cada inscripto.
Para el asistente, la pregunta antes de anotarse es siempre la misma y es muy concreta: ¿esto es para mí? Y eso no se responde con un título. Se responde con fotos de la edición anterior, con quiénes hablan, con la agenda, con si hay estacionamiento y si se puede ir con chicos.
Una página que no responde "¿es para mí?" no tiene un problema de conversión. Tiene un problema de información.
Qué lanzamos: la página, el formulario y el embed
Primero, el alta por email. Se entra a la página del evento y se completa email, nombre y apellido — más las preguntas que el organizador quiera agregar. Sin app, sin tienda de aplicaciones, sin cuenta que crear. La credencial llega por mail.
La puerta rápida no desaparece: sigue ahí para quien ya decidió y quiere entrar en dos toques. Lo que cambió es que ya no es la única.
Segundo, la página dejó de ser un título y un botón. Ahora el organizador puede sumar bloques debajo de la descripción, y aparecen en el orden en que la gente los necesita:
- Fotos de la edición anterior o del lugar.
- Quiénes hablan, con foto y cargo.
- La agenda, para que se vea que hay programa de verdad.
- Con el apoyo de, con los logos de los sponsors.
- Preguntas frecuentes, lo que siempre te preguntan.
Y hay un detalle de diseño del que estamos contentos: los bloques de sponsors y de oradores solo aparecen como opción si ya cargaste esa información en el panel. No se copian ni se vuelven a subir: el bloque decide si la sección se muestra, y las filas siguen viviendo en un solo lugar. Un interruptor que enciende una lista vacía es un control muerto, y preferimos no ofrecerlo.
Tercero, el embed. Si el organizador tiene su propio sitio, ahora puede pegar el evento ahí: una tarjeta en un iframe, o simplemente un botón. Se copia un snippet del panel y se pega. Y las inscripciones que entren por esa vía le figuran como venidas de su web, no como visitas sueltas.
Las decisiones de las que más aprendimos
El registro nunca ocurre dentro del iframe ajeno. Cuando alguien toca el botón de la tarjeta embebida, el formulario se abre en la ventana completa, no adentro del recuadro. Es deliberado: pedir datos personales adentro de un iframe de un tercero es exactamente el patrón que le enseña a la gente a confiar en formularios embebidos, que es como funcionan la mitad de los fraudes. Preferimos el clic extra.
El mapa es un link, no un iframe. Incrustar un mapa carga cientos de kilobytes de código de terceros en la misma página que un salón entero abre al mismo tiempo. Un link al mapa hace el mismo trabajo y no le cuesta datos a nadie.
Las preguntas frecuentes no llevan una línea de JavaScript. Son un acordeón nativo del navegador: se abren y cierran solas, funcionan sin scripts y —esto es lo que más nos gusta— son buscables con Ctrl+F aunque estén cerradas.
Los logos de sponsors nunca se recortan. Se muestran completos, dentro de su caja. Recortarle el logo a un sponsor es la clase de error que se ve en la reunión siguiente.
El cupo se comunica como estado, no como número. La página dice si hay lugar o si hay lista de espera. Nunca cuántos se anotaron ni cuántos lugares quedan: un contador público es información que juega en contra del organizador todos los días excepto el último.
El modo día-del-evento: la misma URL, otra página
Este es el que más nos gustó resolver.
El día del evento, esa misma dirección deja de ser una página de venta y se convierte en una puerta. Desaparecen la portada, la agenda y todos los bloques. Queda el formulario, que es lo único que alguien parado en la entrada necesita.
Se activa sola: tres horas antes del inicio y hasta el final del día, en la zona horaria del evento. Tres horas cubren la acreditación temprana y el montaje sin comerse días de registro.
Y la razón por la que es la misma URL y no otra es la regla de siempre: los QR que ya se imprimieron apuntan a esa dirección. Un QR impreso nunca se regenera. Mandar el día del evento a otra ruta dejaría muertos todos los carteles que ya están pegados en la puerta.

Hay una trampa de fechas escondida acá que vale contar, porque afecta a toda América Latina: la fecha del evento se guarda como día calendario, sin hora. Si se la lee ingenuamente en la zona horaria del evento, en cualquier país al oeste de Greenwich devuelve el día anterior. Un evento del sábado entraría en modo día-del-evento el viernes. Eso se resuelve leyendo la fecha con cuidado, y es el tipo de bug que solo se descubre si testeás en tu propia zona horaria.
Lo que protege al que se anota
- El consentimiento es explícito y está escrito en castellano llano: qué datos se usan, quién los usa, para qué, y a qué dirección escribir para ejercer los derechos.
- La casilla para recibir avisos de próximos eventos viene desmarcada. Siempre.
- No se puede averiguar si un email ya está registrado. Todas las respuestas del formulario salen por el mismo camino, así que nadie puede usarlo para descubrir quién se anotó. Es una defensa aburrida y necesaria.
Por qué cambia el evento
Para el organizador, la página de registro deja de ser un trámite y pasa a ser la mejor pieza de venta del evento — y encima puede vivir dentro de su propio sitio, con la atribución en su lugar.
Para el asistente, la barrera de entrada baja a lo mínimo: un email. Y antes de dar ese email, tiene con qué decidir.
Y para nosotros es un cambio de postura: el embudo tiene dos entradas, no una. Quien ya decidió entra por el camino rápido. Quien está decidiendo, primero mira — y mirar no le cuesta identificarse.
Cómo se activa
El registro web y los bloques de la página se habilitan desde el panel de administración. Los topes son por plan —cuántas fotos, cuántas preguntas, si podés mostrar sponsors y oradores— y se aplican al guardar, nunca al mostrar: si un evento baja de plan, lo que ya cargó se sigue viendo. Recortarle la galería por atrás sería borrarle contenido sin avisarle.
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