
ROI para sponsors: qué se lleva un patrocinador de tu evento
El sponsor paga por un logo en un pullup y se va con una foto. Lanzamos el banner de patrocinadores en el portal: rota, pondera por nivel y deja rastro.
Hay una conversación que todo organizador tiene en enero y que nadie disfruta. Es la de la renovación del sponsor.
Del otro lado hay alguien que el año pasado puso plata y ahora tiene que justificarla ante su jefe. Te pregunta qué se llevó. Y vos, con toda la buena fe del mundo, le mandás fotos: el pullup en la entrada, el logo en la pantalla, el stand con gente. Todo cierto, todo lindo, y nada de eso es un número.
El dolor: el patrocinio es el último rincón sin datos del evento
Para el organizador, el sponsor es el que financia buena parte del evento y el que menos evidencia recibe. Se le vende visibilidad, y la visibilidad es justamente lo que no se puede contar cuando vive en un pullup de tela. Si el año siguiente el presupuesto se ajusta, el patrocinio es lo primero que cae — no porque no haya funcionado, sino porque nadie pudo demostrar que funcionó.
Para el asistente, el sponsor es ruido. Logos que no significan nada, un banner que tapa media pantalla, y un stand al que no sabe por qué debería acercarse. La publicidad mal puesta no solo no vende: molesta.
Y para el sponsor, la experiencia es de fe. Puso plata, vio su logo, se fue. Lo que pasó en el medio es una caja negra.
Un logo impreso no puede decirte cuánta gente lo miró. Un logo en el portal del evento, sí.
Qué lanzamos: el banner de patrocinadores del portal
Pusimos a los sponsors dentro del lugar donde los asistentes realmente pasan el día: el portal del evento, que se abre en el navegador del teléfono y no requiere descargar ninguna app.
Es un banner horizontal que muestra un patrocinador por vez, y aparece en los tres lugares de más tránsito: el inicio del portal, el mapa del predio y —el más importante— arriba de la agenda, que es la pantalla que la gente abre veinte veces por día para ver qué viene ahora.
En cada carga de página se sortea qué sponsor se muestra. No es un carrusel que hay que esperar ni una fila de logos diminutos: es un solo patrocinador, grande, con su lugar propio.
El sorteo está ponderado por nivel
Acá está la parte que hace que el modelo comercial cierre.
El sorteo no es parejo: pondera por el nivel de patrocinio, y lo hace en las dos pantallas que más se abren: la agenda y el mapa. Cada nivel entra al sorteo con una cantidad distinta de fichas — Platinum con cuatro, Silver con tres, Bronze con dos, y un expositor sin nivel con una.
O sea: un Platinum sale el doble de seguido que un Bronze, y cuatro veces más que un expositor común.
Eso convierte una escalera de precios en una escalera de exposición real y verificable, no en una promesa. Cuando le vendés un nivel más alto a un sponsor, le estás vendiendo algo concreto: sale más veces, delante de las mismas personas, en la pantalla que más se abre. Y cuando el sponsor pregunta qué diferencia hay entre un nivel y el otro, la respuesta es un número, no un adjetivo.
Para el asistente el efecto es el opuesto al esperado: ve menos publicidad, no más. Un solo logo por vez, con espacio, en vez de una tira de veinte marcas apretadas que nadie mira. Menos ruido y más valor para quien paga.

Quién entra al sorteo lo decidís en una pantalla
El control está donde tiene que estar. En el módulo de expositores hay una lista con todos, y al lado de cada uno un interruptor: Rota en el banner. Se prende, se apaga, y listo — sin abrir la ficha de cada expositor uno por uno.
Arriba, un contador te dice cuántos de tus expositores están rotando sobre el total. Es la clase de dato que evita el error clásico: creer que los cinco sponsors están al aire cuando en realidad hay tres.
Hay una regla estricta que conviene conocer: sin logo cargado, el expositor no se muestra. La lista te avisa cuántos están en esa situación. Preferimos dejar a alguien afuera del banner antes que mostrar un recuadro vacío con un nombre — un sponsor mal exhibido es peor que un sponsor no exhibido.
Y si tu evento no tiene patrocinadores, el banner se apaga por evento con un solo interruptor. Viene encendido porque la mayoría de los eventos los tiene, pero no hay nada peor que un espacio publicitario vacío.
Un detalle que confunde a todos (y por eso lo aclaramos)
En Circli hay dos "niveles" distintos y no tienen nada que ver entre sí:
- El nivel del expositor (Platinum, Silver, Bronze) define qué tan destacado se muestra en el portal: cuántas veces sale en el banner y qué tan arriba aparece en las listas y en el plano.
- El nivel del stand define únicamente cuántos puntos suma cada escaneo en el juego del evento.
Un sponsor Platinum puede tener un stand que dé pocos puntos, y un expositor chico puede tener un stand que dé muchos. Son dos perillas para dos cosas distintas: una es exposición, la otra es dinámica de juego.
Por qué cambia el evento
Para el sponsor, el patrocinio deja de ser un acto de fe. Su marca no está solo en la entrada: está adentro de la herramienta que la gente usa todo el día, y los toques sobre su banner quedan atribuidos, así que el informe posterior deja de ser una carpeta de fotos.
Para el organizador, cambia la conversación de enero. Dejás de vender "visibilidad" y pasás a vender un lugar concreto en una pantalla concreta, con una frecuencia que depende del nivel contratado. Eso es más fácil de vender, más fácil de subir de nivel y muchísimo más fácil de renovar.
Y para el asistente, el evento se siente menos invadido. Es la parte contraintuitiva de esto: ordenar la publicidad la vuelve menos molesta y más efectiva al mismo tiempo. El problema nunca fue que hubiera sponsors; era que estaban mal puestos.
Cómo se activa
El banner viene encendido por defecto. Para que funcione hacen falta tres cosas: tener el módulo de expositores activo, cargar el logo de cada patrocinador, y marcarlos como parte de la rotación.
Un consejo que sale de haberlo visto fallar: cargá los logos con fondo transparente y en buena resolución. El banner es grande y honesto — un logo pixelado se nota, y el que va a notarlo primero es justamente la persona que pagó por estar ahí.
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