
Gamificación en ferias: el juego que llena los pasillos del fondo
El expositor del pasillo del fondo no ve a nadie. Lanzamos el juego de stands: se escanean QR, se suman puntos y hay sorteo diario ponderado.
Hay un mapa que todo organizador de ferias conoce de memoria, y es el mapa de la injusticia. Los stands cerca de la entrada ven pasar a todo el mundo. Los del pasillo del fondo, contra la pared, al lado del baño, ven pasar a nadie.
Los dos pagaron. Uno pagó menos, sí, pero pagó. Y al final del día uno se va con cincuenta contactos y el otro se va con la sensación de haber tirado la plata — que es exactamente la sensación que hace que el año que viene no vuelva.
El dolor: la feria tiene zonas muertas y nadie sabe qué hacer con ellas
Para el organizador, es un problema estructural que no se arregla con buena voluntad. Podés poner el catering al fondo, podés hacer sorteos por micrófono, podés pedirle a la gente que recorra todo. No alcanza. La circulación de una feria la define la arquitectura, no los avisos.
Y sin datos es peor: no sabés qué pasillos funcionan, no sabés qué stands recibieron visitas, y cuando el expositor del fondo se queja no tenés con qué responderle más que una disculpa.
Para el asistente, el problema es de otro tipo: recorrer una feria entera es agotador y no tiene recompensa. Ve veinte stands, le interesan tres, y no tiene ninguna razón para caminar hasta el fondo salvo la curiosidad — que a las cuatro de la tarde ya se agotó.
Nadie recorre una feria por completitud. Se recorre por interés, y el interés se distribuye igual de mal que los metros cuadrados.
Qué lanzamos: cada stand es un QR y cada QR suma puntos
Convertimos la feria en un juego, y el juego en una razón concreta para caminar hasta el fondo.
Cada stand tiene su propio código QR impreso. El asistente lo escanea desde el portal del evento —que se abre en el navegador del teléfono, sin descargar ninguna app— y suma puntos al instante. La pantalla le muestra cuánto sumó y cuánto lleva acumulado.
Los puntos no son todos iguales. El organizador define el nivel de cada stand, y el nivel define cuánto vale escanearlo:
- Común: 10 puntos
- Expositor: 25 puntos
- Destacado: 50 puntos
Ahí está la palanca que resuelve el mapa de la injusticia. Al stand del pasillo del fondo le ponés nivel Destacado, y de golpe caminar hasta ahí vale cinco veces más que quedarse en la entrada. La circulación deja de depender de la arquitectura y pasa a depender de una perilla que vos controlás.
Además hay dos bonificaciones que empujan el comportamiento correcto:
- +30 puntos por el primer escaneo del día, una sola vez por jornada. Sirve para arrancar temprano en vez de aparecer a última hora.
- +5 puntos por conocer a alguien nuevo: los suma quien escanea la tarjeta digital del otro. Los puntos van de un solo lado a propósito — si los cobraran los dos, convendría quedarse parado dejándose escanear. El juego no premia solamente recorrer: premia salir a conocer gente.

El sorteo, y por qué no es una tómbola
Acá está la parte que más nos costó diseñar bien, y de la que más orgullosos estamos.
Al final de cada día el organizador entra, elige un premio y toca Sortear ganador. El sistema elige al azar — pero ponderando por los puntos de ese día. Quien más participó, más chances tiene. No es una tómbola donde el que llegó a las seis de la tarde compite en igualdad con el que recorrió la feria entera.
Y hay un detalle que cambia el comportamiento de la última hora: la actividad reciente pesa más. Los puntos de los últimos 30 minutos cuentan multiplicado, así que estar presente cuando se sortea vale de verdad. Es la diferencia entre un salón que se vacía a las cinco y un salón que se mantiene lleno hasta el sorteo.
No hay umbrales ni inscripción. Todo asistente con puntos del día participa automáticamente. No hay que anotarse, no hay que reclamar nada, no hay letra chica.
Los tramposos, y la gente que se quiere ir
Dos decisiones que definen si un juego así se puede usar en serio.
La primera: el antifraude. Si alguien escanea más de cinco stands distintos en diez minutos, no está recorriendo una feria — está caminando con el teléfono apuntando a todo. Esas cuentas quedan fuera del sorteo, pero siguen jugando: mantienen sus puntos, siguen en el tablero, no reciben ningún aviso ni acusación. No queremos acusar a nadie por un patrón raro; solo queremos que el premio no se lo lleve alguien que rompió el juego.
Antes de sortear, el organizador ve la vista previa: quiénes entran, con qué peso, con qué probabilidad, y cuántos quedaron excluidos por actividad sospechosa. Lo que ve en la pantalla es exactamente el conjunto del que se sortea — no hay forma de tocar "Sortear" sobre un pool distinto del que te mostraron.
La segunda: el derecho al olvido funciona de verdad. Un asistente puede borrar sus datos del juego cuando quiera. Y cuando lo hace, queda efectivamente fuera del sorteo — no en el papel, sino en la consulta que elige al ganador. Nos importó al punto de escribir código específico para eso: sin ese cuidado, alguien que pidió que lo borráramos podía salir sorteado y ser anunciado por micrófono con nombre y apellido. Eso, además de estar mal, viola la Ley 25.326.
Imprimir los QR es un botón
El trabajo previo de un juego así podría ser un infierno de diseño. Lo resolvimos con dos botones.
Podés descargar el QR de un stand individualmente, o imprimir todos de una vez: se abre una hoja lista para imprimir o guardar como PDF, un stand por página en A5 vertical, con el QR grande y el nombre del expositor. Se manda a la imprenta y se acabó.
Y los QR llevan el logo del evento en el centro, con el nivel de corrección de errores alto para que el código siga leyéndose igual.
Por qué cambia el evento
Para el organizador, la gamificación deja de ser un adorno y pasa a ser una herramienta de circulación. Podés dirigir el tránsito hacia donde lo necesitás: el pasillo flojo, el sponsor que quiere más flujo, el sector nuevo que nadie conoce. Y por primera vez tenés el dato: qué stands se escanearon, cuántas veces, en qué momento del día.
Para el expositor, es la diferencia entre esperar y recibir. Un stand con QR y buen nivel de puntos recibe visitas por diseño, no por suerte de ubicación.
Y para el asistente, la feria deja de ser una caminata sin propósito. Hay una razón para doblar en ese pasillo, y a las seis de la tarde hay una razón para seguir ahí.
Cómo se activa
Es una llave por evento en el panel del organizador: se enciende, se cargan los stands con su nivel, se cargan los premios con su stock, y se imprimen los QR.
Un consejo de diseño de juego: no pongas todo en nivel Destacado. El sistema de puntos funciona porque hay diferencia. Si todos los stands valen lo mismo, volvés al mapa de la injusticia — solo que ahora con QR.
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